AFP
En un barrio de El Salvador donde la MS-13 marcaba su territorio con grafitis, tres salvadoreñas pintan pájaros, flores y paisajes. Sus murales multicolores lidian con las secuelas de la violencia de las pandillas y la exclusión histórica de las mujeres en el arte.
Con paleta, pinceles y aerosol, Patricia Vega, Marcela Alvarenga y Elizabeth Guardado ayudan a cambiar el rostro de la colonia 10 de Octubre, un laberinto de casas humildes y calles empinadas donde hace unos años era imposible entrar sin permiso de un pandillero.
“En mi vida hubiera pensado meterme aquí”, dice Vega en una de las callesjuelas del barrio ubicado en la localidad de San Marcos, a unos 10 km de San Salvador.
La joven de 30 años recuerda que las mujeres eran para los pandilleros “blancos” de violencia machista, y crecían escuchando advertencias de sus padres sobre los lugares que debían evitar.
La Mara Salvatrucha (MS-13) y Barrio 18 controlaban el 80% del territorio salvadoreño, según dato oficial, pero fueron desmanteladas en la ofensiva que inició el presidente Nayib Bukele en 2022, a la que oenegés señalan de graves violaciones a derechos humanos.
La 10 de Octubre fue cercada en 2024 en un operativo que dejó cientos de capturas. Desde entonces militares y policías patrullan permanentemente y muchas veces se detuvieron a mirar las pinturas.
“El mural representa un antes y un después”, dice Alvarenga, de 27 años, al destacar la satisfacción que siente de aportar en la “reconstrucción” de un lugar del que se podía salir sin vida.
– “Miedo de la supervivencia” –
En una de las escaleras del barrio, Guardado pasa un rodillo con pintura verde sobre una pared descolorida donde todavía se lee “Hollywood”, la clica (célula) de la MS-13 que dominaba la comunidad.
Las tres muralistas viven en Mejicanos, una localidad a 15 km de allí que también estuvo cundida de pandilleros. Desde niñas aprendieron a estar alerta.
Vega lo llama “miedo de la supervivencia” y, aunque el lugar ha cambiado, prefiere no contarle a su madre dónde andaba pintando para no preocuparse.
Ese temor persiste entre los vecinos. Varios se detuvieron a admirar los murales, pero rehusaron hablar con la AFP para no ser identificados por “remanentes” de las pandillas que aseguran que hay.
La mujer de la casa donde Guardado cubró el grafiti se distinguió discretamente que desapareciera un símbolo de la violencia que marcó a su comunidad.
– Más que “musas” –
Vega, Alvarenga y Guardado son las primeras chicas en intervenir las paredes del 10 de Octubre invitadas por PigmenTrip, un colectivo que busca transformar comunidades y fomentar la inclusión social con el arte urbano.
Para Guardado tomar los muros es también “romper barreras” sociales: “Es una forma de empoderarme como mujer, joven y profesional”, dice.
“No es algo fácil de conseguir. Es una gran oportunidad y un gran reto por ser mujeres y jóvenes. Tenemos que irnos abriendo caminos y ser lumbreras para otras”, agregó la joven de 30 años.
Pero reconoce que fuera de esos muros las mujeres aún enfrentan obstáculos en las artes, donde las relegan a “musas” o “ayudantes” de los hombres artistas y el acoso persiste.
En su mural, Alvarenga enseña a una pequeña a pintar rombos de colores. Quiere inspirar a las niñas, dice, y que vean que “hay mujeres afuera haciendo más”.