Estados Unidos enfrenta en 2026 su peor brote de sarampión en los últimos 35 años, con un preocupante aumento de contagios vinculado, en parte, a la reticencia hacia la vacunación. De acuerdo con cifras oficiales publicadas recientemente, la enfermedad, considerada altamente contagiosa, vuelve a encender las alarmas sanitarias en el país.
En los primeros siete meses del año, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) han confirmado 2,318 casos, superando ya el total registrado en 2025, cuando se contabilizaron 2,289 contagios y tres fallecimientos, incluidos dos niños pequeños. Este incremento refleja una tendencia sostenida al alza en los últimos años.
Especialistas advierten que se trata de una crisis prevenible. Andrew Racine, presidente de la Academia Estadounidense de Pediatría, señaló que el brote afecta de manera desproporcionada a la niñez. El sarampión puede provocar fiebre, problemas respiratorios y erupciones cutáneas, pero en casos graves deriva en complicaciones como neumonía o inflamación cerebral, con consecuencias permanentes o incluso mortales.
Aunque la enfermedad fue declarada erradicada en el año 2000 gracias a la vacunación masiva, su reaparición ha sido impulsada por la caída en las tasas de inmunización y la creciente desconfianza hacia las autoridades sanitarias. Incluso figuras públicas como el secretario de Salud, Robert Kennedy Jr., han sido señaladas por difundir posturas contrarias a las vacunas, pese al respaldo científico sobre su eficacia.
Expertos advierten que el brote aún no ha sido contenido y podría agravarse. La epidemióloga Melissa Nolan sostiene que existe un subdiagnóstico de casos y alerta sobre la posibilidad de que resurjan otras enfermedades prevenibles. Factores como las excepciones a la vacunación por motivos religiosos o filosóficos y el temor de algunos padres a los efectos secundarios continúan debilitando la cobertura inmunológica en el país.