Nueva Zelanda rechazó la invitación para formar parte de la Junta de Paz creada por el presidente estadounidense, Donald Trump, sumándose a Francia, Noruega y Croacia entre los pocos países que han declinado la propuesta de manera explícita. La iniciativa fue presentada la semana pasada durante el Foro Económico Mundial en Davos.
El objetivo original de la Junta era supervisar la reconstrucción de Gaza, pero su carta fundacional no limita su labor al territorio palestino, lo que ha generado cuestionamientos sobre su posible rivalidad con la ONU.
El ministro de Relaciones Exteriores de Nueva Zelanda, Winston Peters, afirmó que su país “no se unirá a la Junta en su forma actual, pero seguirá atento a los acontecimientos”. Además, señaló que varios estados de la región ya están comprometidos con la labor en Gaza y que Nueva Zelanda “no aportaría un valor añadido significativo”.
Wellington no descartó por completo la idea de la Junta, pero reafirmó su apoyo a las Naciones Unidas. Peters subrayó que el organismo propuesto debe operar conforme a la Resolución 2803 del Consejo de Seguridad de la ONU y que es necesario tener claridad sobre su funcionamiento y ámbito de acción.
La postura de Nueva Zelanda refleja los recelos que varios países han expresado ante la iniciativa de Trump, mientras el debate sobre el alcance y la legitimidad de la Junta de Paz continúa en la comunidad internacional.