Irán lanzó el miércoles por la noche una serie de ataques dirigidos a instalaciones energéticas en la región del Golfo, como respuesta al asesinato de su ministro de Inteligencia, Esmail Jatib, en un ataque atribuido a Israel. El líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei, advirtió que los responsables del crimen “pagarán por la sangre derramada” y prometió represalias por la muerte de altos mandos del país.
El ataque israelí contra Jatib se produjo un día después de que Israel anunciara la eliminación del influyente jefe del Consejo Superior de Seguridad Nacional, Alí Larijani. El ministro israelí de Defensa, Israel Katz, declaró que el ejército tiene carta blanca para abatir a cualquier dirigente iraní en su punto de mira. En respuesta, los Guardianes de la Revolución, ejército ideológico de Irán, amenazaron con intensificar los ataques si el sector energético volvía a ser blanco de agresiones.
El conflicto ya ha tenido repercusiones directas en la economía global. Irán atacó la mayor instalación de gas del mundo, ubicada en Catar, causando “daños considerables”, y como respuesta, el gobierno catarí expulsó a dos diplomáticos iraníes. Además, el bloqueo parcial del estrecho de Ormuz, vía clave del comercio mundial de hidrocarburos, ha disparado los precios del petróleo; el Brent subió casi un 5% este miércoles.
Estados Unidos, preocupado por la seguridad del paso marítimo, ha buscado apoyo de sus aliados para garantizar la libre circulación del comercio de hidrocarburos. Washington anunció una exención de 60 días a la Ley Jones y autorizó transacciones limitadas con la petrolera estatal de Venezuela, PDVSA, para intentar mitigar el impacto en los mercados energéticos y en los precios de la gasolina.
El conflicto se extiende también a Líbano, donde Israel mantiene su ofensiva contra Hezbolá, causando al menos 12 muertos en Beirut y empeorando una situación humanitaria ya crítica. La Unión Europea ha instado a Israel a cesar las operaciones, ante la creciente preocupación por los desplazamientos y la escalada de violencia. La crisis energética y militar en Medio Oriente continúa generando consecuencias globales tanto económicas como humanitarias.