Por: Saraí Escobar
El sistema de pensiones en El Salvador enfrenta actualmente una situación crítica marcada por una alta vulnerabilidad financiera y una limitada cobertura social. Según explica el economista César Villalona, el esquema previsional arrastra deficiencias estructurales desde el año 2001, lo que ha provocado que las pensiones actuales resulten insuficientes para garantizar una vejez digna a la mayoría de los salvadoreños.
#Diálogo21 | “En 2001 viene un problema financiero sobre cómo pagar las pensiones del sistema público, que quedó quebrado tras el surgimiento de las AFP, y ahí comienza el endeudamiento durante el gobierno de Francisco Flores”, afirmó el economista César Villalona. pic.twitter.com/xSRd0n6I9k
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Tras la privatización iniciada en 1998, las promesas de mejorar el sistema no se han cumplido, manteniendo la cobertura estancada en apenas un 27% de la población. Villalona advirtió sobre la precariedad de los montos recibidos por los actuales pensionados, señalando que “el 68% de la población jubilada tiene la mínima”, una cifra que apenas permite cubrir las necesidades básicas de vida.
La deuda del Estado con los fondos de pensiones asciende hoy a 11,240 millones de dólares, lo que compromete seriamente la sostenibilidad del sistema a largo plazo. Ante este escenario, el experto sugiere que una medida fundamental sería la eliminación del lucro en la administración de los recursos, permitiendo que un ente público maneje los fondos sin comisiones excesivas para que el rendimiento beneficie directamente a los trabajadores.
#Diálogo21 | “Hay que tomar medidas para resolver tres problemas: la cobertura, el monto de las pensiones y el financiero; pero este gobierno hará una propuesta enfocada solo en el aspecto financiero. ¿Cómo se enfrenta ese problema? Lo primero es eliminar las AFP, porque son… pic.twitter.com/3rvqYoMxIX
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Frente a las exigencias de organismos internacionales, una nueva reforma se vuelve ineludible para las finanzas públicas del país. Durante el análisis del panorama previsional, se destacó que para lograr un cambio real “la reforma debe ser profunda”, debiendo incluir mejoras salariales y la incorporación del sector informal para robustecer el fondo de ahorro.