El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sorprendió al anunciar un posible giro en el conflicto con Irán, al asegurar que su gobierno mantiene conversaciones con un alto funcionario iraní. La declaración se dio en el día 24 de la guerra, justo antes de que venciera el ultimátum para reabrir el estratégico estrecho de Ormuz, aunque desde Teherán niegan que existan negociaciones en curso.
La información surge en medio de versiones que apuntan a Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento iraní, como posible interlocutor. Sin embargo, el propio funcionario desmintió cualquier diálogo, acusando a Trump de intentar manipular los mercados financieros y petroleros. La cancillería iraní también reconoció contactos indirectos a través de terceros, pero negó negociaciones formales.
Por su parte, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, reafirmó su intención de continuar con las operaciones militares. De hecho, el ejército israelí reportó nuevos bombardeos en Beirut contra objetivos vinculados a Hezbolá, ampliando así el conflicto en la región.
En el plano económico, las declaraciones de Trump provocaron una reacción inmediata: los precios del petróleo cayeron con fuerza, mientras las bolsas internacionales registraron alzas. Expertos como Fatih Birol, director de la Agencia Internacional de la Energía, advierten que, si la guerra se prolonga, podría desencadenarse una crisis energética global de gran magnitud.
Mientras tanto, Estados Unidos refuerza su presencia militar en la zona con el despliegue de miles de marines, en medio de especulaciones sobre una posible operación terrestre. El conflicto ya ha dejado miles de víctimas y mantiene en alerta a la comunidad internacional ante el riesgo de una escalada aún mayor en Medio Oriente.