El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmó este jueves que Irán se encuentra “casi diezmado” tras casi tres semanas de conflicto, y aseguró que la guerra podría terminar “más rápido de lo que la gente piensa”. Según Netanyahu, el país persa ha perdido la capacidad de enriquecer uranio y producir misiles balísticos, lo que evidencia un debilitamiento significativo de sus capacidades militares.
Los ataques lanzados por Estados Unidos e Israel desde el 28 de febrero buscaban, según el expresidente Donald Trump, eliminar la amenaza nuclear iraní. A pesar del debilitamiento de Irán, la jefa de inteligencia estadounidense, Tulsi Gabbard, reconoció ante el Congreso que la República Islámica sigue operando, aunque negó que representara una “amenaza inminente” antes del inicio del conflicto.
El enfrentamiento ha afectado directamente la producción de hidrocarburos. Israel atacó el miércoles el yacimiento gasífero South Pars-North Dome, compartido con Catar, la reserva de gas más grande del mundo. En respuesta, Irán golpeó instalaciones en Catar, Arabia Saudita y Kuwait, lo que provocó un aumento significativo en los precios del petróleo, con el Brent superando los 114 dólares por barril y el WTI rozando los 100 dólares.
La tensión también ha afectado la navegación por el estrecho de Ormuz, clave para el transporte del 20 % del petróleo y gas mundial, actualmente bloqueado casi por completo. La Organización Marítima Internacional solicitó un corredor de evacuación para los 3.200 barcos y 20.000 marinos atrapados, mientras varios países, entre ellos Francia, Reino Unido, Alemania, Italia, Países Bajos y Japón, se ofrecieron a garantizar la seguridad de la navegación.
En medio de la guerra, la vida cotidiana en Irán sigue con cierta normalidad. En Teherán, las calles se encontraban congestionadas por tráfico habitual y reforzadas por presencia policial, mientras que en Qom se realizó la procesión fúnebre de Alí Larijani, jefe de seguridad asesinado por Israel, en la víspera del Noruz, el Año Nuevo persa.