Israel lanza nueva oleada de ataques contra Irán mientras el conflicto se expande en Oriente Medio

Israel anunció este miércoles una nueva “amplia oleada de ataques” contra Irán, en un conflicto que ya ha dejado cientos de muertos y que Estados Unidos asegura ha alcanzado cerca de 2.000 objetivos en cuatro días. La ofensiva israelí se centra en bases de lanzamiento, sistemas de defensa aérea e infraestructuras estratégicas, mientras Teherán continúa con represalias que afectan a toda la región.

En Teherán, la capital iraní se mantiene prácticamente desierta y los ataques han impactado especialmente la institución encargada de elegir al nuevo líder supremo tras la muerte del ayatolá Alí Jamenei. La Media Luna Roja informó de más de 780 muertos desde el inicio del conflicto, mientras que seis militares estadounidenses y diez civiles israelíes han perdido la vida en los ataques de ambos bandos.

El conflicto ha generado también un fuerte impacto económico y logístico. Los precios del crudo y del gas se disparan por la parálisis del estrecho de Ormuz y los ataques a infraestructuras energéticas en Catar, Omán y Emiratos Árabes Unidos. La Marina de Estados Unidos se ha ofrecido a escoltar petroleros si es necesario, mientras que Washington ha ordenado la salida de personal diplomático no esencial de seis países de la región.

La guerra se ha extendido más allá de Irán e Israel. En Irak, grupos proiraníes han realizado ataques contra intereses estadounidenses, y en Líbano, Hezbolá respondió con disparos hacia Israel, provocando la muerte de al menos seis personas en bombardeos israelíes y más de 58.000 desplazados desde el inicio de la ofensiva. Israel ha prometido continuar atacando hasta desarmar al grupo.

Mientras tanto, el presidente estadounidense Donald Trump defendió la acción militar y afirmó que las bajas iraníes incluyen a posibles sucesores de Jamenei. Israel, por su parte, asegura que el objetivo del conflicto es impedir que Irán se dote de armas nucleares y destruir su capacidad balística. La situación mantiene a toda la región en alerta máxima, con un riesgo creciente de escalada que podría afectar la estabilidad global.