Doce días después del doble terremoto en Venezuela, las labores de rescate comienzan a reducirse mientras maquinaria pesada remueve escombros en las zonas más afectadas. Sin embargo, para muchas familias la búsqueda no termina. Es el caso de Raúl Alvarado, quien permanece en las ruinas del edificio OPP 26, en Caraballeda, con la esperanza de encontrar a sus padres y a su hermano entre los restos.
El complejo habitacional, de 12 pisos, quedó colapsado tras los sismos del 24 de junio. El apartamento de la familia Alvarado, ubicado en el tercer nivel, ahora yace a ras del suelo, aplastado por capas de concreto. Más de 3,500 personas han muerto y decenas de miles continúan desaparecidas, mientras el tiempo se convierte en el principal obstáculo para los rescatistas y voluntarios.
En medio de la devastación, brigadas improvisadas siguen excavando entre túneles estrechos y peligrosos. Objetos cotidianos como colchones, electrodomésticos y cajas aún visibles entre los escombros evidencian la vida que existía antes del desastre. Testimonios como el de Alvarado reflejan la tragedia: “Estaban juntos los tres, abrazados”, recordó sobre la última vez que vio a su familia.
Organismos internacionales advierten sobre la magnitud de la emergencia. La ONU estima que hasta 50,000 personas podrían estar desaparecidas, mientras plataformas digitales han registrado decenas de miles de reportes. Expertos señalan que la combinación de dos fuertes sismos y la fragilidad estructural de los edificios agravó los colapsos, dificultando las tareas de rescate y aumentando la incertidumbre de quienes aún esperan respuestas bajo los escombros.