El acceso al asilo en Estados Unidos para ciudadanos salvadoreños enfrenta crecientes restricciones, con al menos 444 solicitudes trasladadas bajo la figura de “Tercer País Seguro” hacia naciones como Guatemala, Honduras, México o Ecuador. Según el experto en migración Gilberto Hernández, la mejora en los índices de seguridad interna ha debilitado los argumentos tradicionales de protección, afirmando que actualmente “la base sobre la que las personas sostenían su asilo ya prácticamente no existe”. Ante este escenario, los jueces de migración aplican criterios de admisión más rigurosos, lo que obliga a los peticionarios a esperar resoluciones fuera de territorio estadounidense.
#Diálogo21 | “Ahora es más complicado buscar asilo porque, en la base, prácticamente ya no existen esas condiciones, por lo que no les creen; en el caso de El Salvador, el problema era la inseguridad”, afirmó el experto en migración, Gilberto Hernández. pic.twitter.com/uWQKLQgWo6
— Diálogo – GMV (@dialogo21) April 28, 2026
A pesar de que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) reportó 41 vuelos de deportación hacia El Salvador en el primer trimestre de 2026, la sólida relación bilateral entre ambos gobiernos genera expectativas favorables para la continuidad del Estatus de Protección Temporal (TPS). Hernández destaca que existe un respeto mutuo entre las administraciones que podría facilitar una prórroga de dicho beneficio migratorio, especialmente considerando el aporte fiscal de los salvadoreños y las necesidades laborales de la economía estadounidense. Esta cercanía diplomática se percibe como un factor determinante para obtener condiciones más flexibles en comparación con otros países de la región.
#Diálogo21 | “Las deportaciones continuarán para quienes sean detenidos en Estados Unidos; sin embargo, con los salvadoreños hay un trato un poco más flexible, debido a la relación entre ambos gobiernos”, afirmó el experto en migración, Gilberto Hernández. pic.twitter.com/u5rHfMh9Ey
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En el ámbito económico, las remesas familiares se consolidan como un pilar fundamental al representar el 24% del Producto Interno Bruto (PIB), con un flujo que superó los 2,435 millones de dólares al inicio del año. Paralelamente, se fomenta la “migración a la inversa” mediante incentivos fiscales y beneficios para el retorno de capitales, con el objetivo de que los ciudadanos en el exterior inviertan en su país de origen. El reto actual, según las proyecciones técnicas, consiste en transformar este flujo de recursos en una herramienta de desarrollo sostenible a través del ahorro y la inversión estratégica en lugar de limitarlo únicamente al consumo.
#Diálogo21 | “Aumentó la cantidad de familias que reciben remesas, pero disminuyó el monto que estas reciben”, afirmó el experto en migración, Gilberto Hernández. pic.twitter.com/9IH9WnlkKy
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