Antes del verano, el “infierno” de calor ya ha llegado a Irak

AFP

Umm Mohammed, de 74 años, agita un abanico para intentar refrescarse, pero en medio del calor abrasador de la ciudad iraquí de Basora solo consigue un aire sofocante.

Esta ciudad meridional está acostumbrada a los veranos tórridos, pero este año el calor ha llegado antes de lo esperado, amargando la existencia de unos ciudadanos también afectados por constantes cortes de electricidad.

“Por Dios, estamos cansados”, dice con un hilo de voz Umm Mohammed.

Aunque su modesta casa tiene un endeble techo de metal para aislarla del calor, la mujer se despierta en medio de la noche agobiada por las temperaturas.

Cuando faltan días para el inicio del verano, la temperatura en Basora ya ha llegado a los 45 ºC. Más al norte, en la capital Bagdad, el mercurio alcanzó los 50 ºC en la sombra.

Castigado por décadas de conflictos que han diezmado sus infraestructuras, Irak se enfrenta además con sequías, repetidas tormentas de arena, desertificación y una caída del caudal de los ríos.

Los crónicos cortes de electricidad se agravan en verano y solo aquellos con generadores privados pueden mantener en funcionamiento sus frigoríficos o sus sistemas de aire condicionado.

En Basora, la elevada humedad agrava la sensación de calor.

Y para muchos iraquíes que apenas llegan a final de mes no es posible gastarse 105 dólares al mes para un generador.

Las autoridades “tienen que ayudar a la gente pobre”, dice Umm Mohammed, criticando la incapacidad gubernamental de asegurar un suministro estable de electricidad.

– “Es un infierno” – 

Irak es el segundo mayor producto de petróleo de la OPEP, pero durante años compra el gas de su vecino Irán, que suministra alrededor de un tercio de sus necesidades energéticas.

Las sanciones estadounidenses al petróleo y al gas iraní dificultan el pago de estas importaciones desde Bagdad y han llevado a Teherán a cerrar el grifo periódicamente cuando se acumulan los retrasos.

El resultado son extensos cortes eléctricos para la mayoría de los 41 millones de habitantes de Irak, muchos de los cuales culpan a los políticos y a la corrupción endémica por sus problemas.

El enfado por estos apagones alimentó la mortífera ola de protestas que estalló a finales de 2019, muchas de ellas en el sur de Irak.

Nataq al Khafaji, que vive en Nasiriya, justo al norte de Basora, explica que soportar el calor sin electricidad es “muy difícil para los niños y los mayores”. “Es un infierno”, dice.

Durante las vacaciones de verano, sus tres hijos no tienen adónde ir y poco por hacer. Encerrados en su casa a oscuras, se las apañan como pueden para escapar del sofocante calor.

Khafaji compró un ventilador con batería, pero teme que no sea suficiente durante los peores meses “cuando estaremos cerca de 50 grados”.

– “Prioridad nacional” –

Naciones Unidas ha clasificado a Irak como uno de los cinco países más vulnerables al cambio climático.

Desde mediados de abril ha sufrido diez tormentas de arenas, producto de la intensa sequía, la degradación del suelo, las altas temperaturas y las pocas precipitaciones vinculadas al cambio climático.

El presidente Barham Saleh alertó que combatir la crisis climática “debe convertirse en una prioridad nacional para Irak porque es una amenaza existencial para el futuro de las próximas generaciones”.

El dirigente señaló que la desertificación afecta un 39% de su territorio, en el que los recursos hídricos caen drásticamente y las cosechas se empequeñecen.

Las olas de calor y las tormentas de arena “se espera que aumenten a lo largo de los años”, y con ellas los problemas de salud de la población, dice Seif al Badr, portavoz del ministerio de Sanidad.

“Esperamos tratar más gente por una variedad de enfermedades vinculadas al clima”, asegura a AFP.

Pero los esfuerzos para solventar estos problemas parecen archivados ante el bloqueo político en el que se ha sumido Irak, sin nuevo gobierno desde las elecciones de octubre.

El Banco Mundial ha advertido que, a menos que se encuentren soluciones, Irak puede perder un 20% de sus recursos hídricos para 2050 debido al cambio climático.