Los ciegos tropiezan en las desvencijadas calles de Nueva Delhi

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Sharma es uno de los 63 millones de personas visualmente discapacitadas que se estima que viven en India, según la Organización Mundial de la Salud, de las que ocho millones son completamente ciegas, un 20% del total global.

 

 

Agitando su bastón blanco, el invidente Vinod Kumar Sharma pasa cuatro horas al día en los atestados vagones de tren y en las calles congestionadas, intransitables y muchas veces sin asfaltar de Nueva Delhi.

Sharma es uno de los 63 millones de personas visualmente discapacitadas que se estima que viven en India, según la Organización Mundial de la Salud, de las que ocho millones son completamente ciegas, un 20% del total global.

Muchas calles de Delhi están sin asfaltar, lo que obliga a este hombre de 44 años padre de tres hijos caminar por el borde de la carretera, blandiendo su bastón blanco mientras los coches y camiones pasan a pocos centímetros de él.

En los trenes de esta megaciudad de 20 millones de personas, donde los pasajeros van apilados como sardinas, Sharma depende de los viajeros solidarios que le ayudan a navegar entre andenes y a entrar y a salir a presión de los vagones.

Sharma cuenta a la AFP que siempre hay gente que le ayuda a entrar y a salir de los trenes. "Esa gente es buena, pero hay carreteras rotas y agujeros abiertos de aguas residuales que siempre suponen un riesgo", explica.

Como muchos otros indios ciegos, Sharma tiene que hacer frente a una grave ausencia de oportunidades laborales y educativas para discapacitados, muchos de los cuales se ven obligados a mendigar o a recurrir a la caridad para llegar a fin de mes.

La pobreza y el limitado acceso a los servicios sanitarios en las áreas rurales contribuyen también a que haya grandes tasas de discapacidad visual en la gran nación del sur asiático, según los expertos.

Sharma, natural de unos de los estados más pobres del país, Bihar, perdió su vista cuando era un niño trabajando en los campos de su aldea y se mudó a la capital para tratar de obtener un tratamiento. 

Cuando los médicos fueron incapaces de ayudarle, decidió quedarse, fue educado en una escuela especial para ciegos, y consiguió un trabajo en una fábrica de juguetes de braille donde trabajó dos décadas, hasta que el año pasado fue despedido.

Actualmente se ha reciclado y trabaja como terapeuta masajista en una Asociación de Ayuda a Ciegos de Delhi. 

Swapna Merlin, de la Asociación, dice que mucho de sus aprendices vienen de regiones culturales y han sido educados para creer que no pueden existir fuera del cuidado de sus familias. "Cuando salen se dan cuenta de que pueden hacer cosas diferentes (...). Cada historia de éxito es fuente de inspiración para los demás", señala.

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