Pese a que el acto estaba reservado a sus allegados, algunos admiradores anónimos llegaron al teatro desde las primeras horas de la mañana, muchos con sus instrumentos de músicos aficionados, para homenajear al hombre que encarnó, junto con el compositor Tom Jobim y el poeta Vinicius de Moraes, la revolución musical que nació en Brasil y se extendió por el mundo a fines de los años 50.

Dos mundos se enfrentan: el del "Broadway negro" de Washington, con sus clubes de jazz, sus hotdogs con chile y sus vestigios de la segregación, y el de los bares hipsters de cervezas artesanales, con sus monopatines eléctricos y sus residencias modernas, como el condominio The Shay.

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