Residencia de músicos ancianos Casa Verdi, la más bella obra del compositor italiano

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En la elegante Casa Verdi, la música reina en cada piso. "Este es el paraíso, para mi la música lo es todo, y no me esperaba encontrar un lugar tan formidable", confiesa Marisa Terzi, de 79 años, quien llegó hace cuatro meses. 

Giuseppe Verdi la considerada "la obra más bella" de su vida. Casi 120 años después, el "hogar de descanso para músicos" aún alberga, en una zona señorial de Milán, a unas sesenta personas que han dedicado su vida a la música. 

El sonido de un piano se propaga por los pasillos, mientras que un cantante repasa viejas melodías en el salón principal, rodeado de docenas de huéspedes. 

En la elegante Casa Verdi, la música reina en cada piso. "Este es el paraíso, para mi la música lo es todo, y no me esperaba encontrar un lugar tan formidable", confiesa Marisa Terzi, de 79 años, quien llegó hace cuatro meses. 

"¡Es todo menos que una casa de reposo! ¡Es una casa para las vacaciones!", ríe. 

"El tiempo vuela aquí ... Por la mañana, hay un pianista, y todos, incluso los que están en silla de ruedas, asisten. Cantamos todos juntos, es algo muy hermoso, y luego en la tarde hay conciertos", cuenta. 

Marisa, con una larga carrera como cantante y compositora, llegó a la Casa Verdi cuando quedó sin familia. "Tengo mucha suerte porque aquí realmente me siento como en mi casa", confiesa.

Ese sentimiento lo comparte también Bissy Roman, de 94 años: "En un momento dado tuve la sensación de que estaba solo en el mundo, no tenía a nadie y Casa Verdi se presentó como la última solución: morir con la música en el corazón y al lado de compañeros músicos", resumió el músico de origen rumano que trabajó en Rusia, Estados Unidos y Francia. 

 

- El milagro de Verdi -

 

Ya muy viejo, Giuseppe Verdi decidió a finales del siglo XIX crear este "hogar de reposo", en lo que entonces era una zona campestre de las afueras de Milán, en el norte de Italia.

Su objetivo era ofrecer a los músicos indigentes un lugar para que terminen sus vidas dignamente. El edificio, de estilo neoclásico, fue diseñado por el arquitecto Camillo Boito, hermano de uno de sus libretistas más cercanos. 

Casa Verdi se inauguró en 1902, después de la muerte del compositor a los 87 años, quien se negó a recibir manifestaciones de agradecimiento por su iniciativa.

Unos 117 años después, la residencia para ancianos funciona como el primer día: sin deudas ni apoyo público, un "verdadero milagro", según su presidente, Roberto Ruozi. 

Los residentes pagan una contribución mensual, basada en sus ingresos, pero que debe representar menos de una quinta parte del costo real de su estadía, lo que es posible "gracias al dinero generado por la riqueza que tenemos", explicó Ruozi. 

Verdi dejó a Casa Verdi todos sus derechos de autor, que en 60 años han generado importantes sumas, las cuales han sido invertidas en buena parte en 120 apartamentos, que ahora están alquilados.

Casa Verdi también se ha beneficiado de donaciones, entre ellas una de 6 millones de euros dados por la hija del director de orquesta Arturo Toscanini, los cuales también generan ingresos.

"Tenemos alojamiento, somos alimentados, contamos con asistencia médica, nos cuidan maravillosamente y hay de todo: salas para tocar piano, sala de conciertos, etc ...", reconoce Raimondo Campisi, pianista. 

Ese joven de 71 años llegó a Casa Verdi hace cuatro años, después de haber vivido durante veinte años en un barco en Beaulieu-sur-Mer, en el sur de Francia, y de viajar por todo el mundo. 

La institución también alberga a unos quince estudiantes del conservatorio y de la academia de La Scala, el templo de la ópera de Milán. 

Una iniciativa lanzada en 1999 para favorecer el intercambio entre varias generaciones. 

 

- Mezcla de generaciones -

 

Como otros estudiantes de Italia, Japón y Corea, Marika Spadafino, una soprano de 30 años, aprecia esa mezcla. 

"Hablo mucho con los residentes, me escuchan cantar, me dan consejos, saben cómo transmitir su experiencia, y para mí, que provengo de una familia donde no hay músicos, es algo muy importante. Cuando las cosas no salen bien, saben cómo consolarte y darte la fuerza para continuar", cuenta la joven italiana de Puglia, al sur. 

Por supuesto, los achaques de la vejez a veces pueden dificultar la vida cotidiana. Bissy, la musicóloga nonagenaria, no cuenta con la libertad del pasado, tras haber recorrido medio mundo.

"Es lo único que no me gusta", dice. Porque "aquí estamos muy bien, estoy muy ocupada, enseño música, canto, ópera y también idiomas", dice tras confesar que habla siete idiomas a su colega Raimondo. 

Cuando se les pregunta acerca de las posibles tensiones, teniendo en cuenta que los músicos son conocidos por su carácter fuerte, el elegante pianista se divierte: "Reunir a 60 artistas ... ¡Se lo imaginan!", ríe.

Unas diez personas figuran en la lista de espera.

"Espero quedarme aún un poco más", dice Marisa, quien disfruta cada día en ese hogar: "Sabemos que moriremos aquí, así que estamos listos". 

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